viernes, 21 de septiembre de 2018


SO  SAD 


I overheard a young man on the train on the way home today, talking to another young man. Holding hands. In college, I guessed. About that age anyway. Much younger than I am.He was talking about AIDS, in a scholarly way. About how it had galvanized the gay community. How it had spurred change. Paved the way to make things better, in the long run.
The long run.Maybe he’s right. I don’t know. It’s not the first time I’ve heard the theory. He spoke with clarity and with confidence. Youthful, full of conviction. But.
Remember how terrible it was, not that long ago, during the worst times. How many beautiful friends died. One after the other. Brutally. Restlessly. Brittle and damp. In cold rooms with hot lights. Remember?
Some nights, you’d sneak in to that hospital downtown after visiting hours, just to see who was around. It wasn’t hard.
You’d bring a boom box. Fresh gossip. Trashy magazines and cheap paperbacks. Hash brownies. Anything. Nothing.
You’d get kicked out, but you’d sneak back in. Kicked out again. Back in again. Sometimes you’d recognize a friend. Sometimes you wouldn’t.
Other nights, you’d go out to dance and drink. A different distraction. You’d see a face in the dark, in the back of the bar. Is it you? Old friend! No. Not him. Just a ghost.
At work, you’d find an umbrella, one you’d borrowed a few rainstorms ago from a coworker. I should return it, you’d think. No. No need. He’s gone. It’s yours now.
Season after season. Year after year.
One day you’d get lucky and meet someone lovely. You'd feel happy, optimistic. You’d make plans.
Together, you’d keep a list of names in a notebook you bought for thirty cents in Chinatown so you could remember who was still here and who wasn’t, because it was so easy to forget.
But there were so many names to write down. Too many names. Names you didn't want to write down.
When he finally had to go too, you got rid of the notebook. No more names.
Your friends would come over with takeout and wine and you’d see how hard they tried not to ask when he was coming home because they knew he wasn’t coming home. No one came home. You’d turn 24.
When he’d been gone long enough and it was time to get rid of his stuff, they’d say so. It’s time. And you’d do it, you’d give away the shirts, sweaters, jackets. Everything.
Except those shoes. You remember the ones. He loved those shoes, you’d say. We loved those shoes. I’ll keep those shoes under the bed.
You’d move to a new neighborhood. You’d unpack the first night, take a shower, make the bed because it’d be bedtime. You’d think of the shoes. For the first time, you’d put them on. Look at those shoes. What great shoes.
Air. You’d need air. You’d walk outside in the shoes, just to the stoop. You’d sit. A breeze. A neighbor steps past. “Great shoes,” she’d say. But the shoes are too big for you.
You’d sit for a while, maybe an hour, maybe more. Then you’d unlace the shoes, set them by the trash on the curb. You’d go back upstairs in your socks. The phone is ringing. More news.
The long run. Wasn’t that long ago.

martes, 4 de septiembre de 2018

POSCONFLICTO para Principiantes



Un nuevo debate se ha abierto paso en un país polarizado y con analistas sesgados. Es como si la campaña presidencial no hubiese terminado, aunque tal vez esta sea la marca de las democracias contemporáneas. Desde hace cuatro semanas nada se sabe de cuatro jefes importantes de la entonces guerrilla de las FARC: Iván Márquez, quien fue el líder negociador, ‘El Paisa’, ‘Romaña’ y ‘El Zarco’. Estos últimos tres fueron importantes líderes militares. Además, en las últimas horas se supo que otro jefe militar, Albeiro Córdoba, hijo de uno de los fundadores de las FARC, también dejó su esquema de seguridad y, como dice un campesino, “cogió río abajo” en el sureño departamento del Guaviare. Varios políticos del partido de Gobierno, el Centro Democrático, analistas y periodistas de derecha reaccionaron en dos líneas de análisis.
Algunos dijeron que era un “conejo” de las FARC, una expresión que se utiliza popularmente y significa que una de las partes incumplió y lo tenía planeado. Este argumento es peligroso. De hecho, en varios periodos de tiempo ha servido para justificar masacres y asesinatos a la oposición política. A esto se le ha llamado la combinación de las formas de lucha, una estrategia de movimientos armados de izquierda que significa que en lo urbano tiene un partido político, participan del juego electoral y en lo rural un brazo armado. Esta estrategia fue utilizada por movimientos de izquierda radicales, pero en la actualidad no hay ninguna evidencia que muestre que esté ocurriendo. Durante muchos años a sectores de la oposición se les acusaba de un doble juego para justificar sus asesinatos: narcotraficantes, paramilitares, políticos y agentes estatales participaron en este baño de sangre. Ahora, se está sugiriendo lo mismo, en un momento en el que en Colombia cada tres días asesinan a un líder social.
La segunda línea de reacción sugiere que todo se debe a un problema en la forma en la que se hizo el Acuerdo de Paz. Es decir, que existe un falla de origen, en la cual el Estado perdió su capacidad represiva frente a los ex miembros de las FARC. Se trata de una afirmación igualmente falsa, pues el Acuerdo de Paz no le quitó ninguna capacidad investigativa, represiva o de administración territorial al Estado.
Es extraño que esto ocurra en Colombia, un país con tanta experiencia en temas de guerras internas, acuerdos de paz y amnistías. Pero para estos analistas y políticos la explicación es la siguiente. El Acuerdo de Paz se firmó entre un Estado, en este caso Colombia, y una organización guerrillera, las FARC. La conclusión hasta el momento es sencilla: en lo fundamental, las FARC cumplieron, entregaron más de 9.000 armas, el único proceso de paz en el mundo que entregó más armas que combatientes. No debe olvidarse que los guerrilleros en armas fueron cerca de 7.000, los otros 6.000 fueron milicianos y prisioneros. Por ello, el hecho que algún excombatiente reincida no puede significar que la organización como un todo incumplió, incluso si varios de ellos fueron altos mandos.
Por los lados del Estado la valoración es más compleja, pues sobre él recaía la mayor parte del cumplimiento del Acuerdo de Paz. El resultado, después de casi dos años de firmarse el acuerdo, es desalentador. La política de reincorporación es un gran fracaso. En materia de reincorporación física la cifra es que cerca de 70 exguerrilleros han sido asesinados, los excombatientes afirman que los están matando y nadie los protege. En materia de reincorporación socioeconómica, de los 13.000 guerrilleros desmovilizados, apenas 1.000 han resuelto un proyecto de vida. Los demás están sin hacer mucho y desesperados. En materia de reincorporación jurídica, la situación es igualmente compleja, más de 300 exguerrilleros siguen en cárceles pues la ley de amnistía no funciona, y el tema de extradición hacia los Estados Unidos espanta a los jefes guerrilleros.
Por otro lado, cuando el 22% de los paramilitares desmovilizados reincidieron luego del proceso de diálogo con el entonces gobierno de Álvaro Uribe, eso no significó que los paramilitares seguían existiendo. Los procesos de reincidencia son normales, pero la cifra depende de lo bien o mal que salga el proceso de reincorporación. Tanto en el proceso con las FARC, como en el de los paramilitares no hubo ningún proceso de reincorporación para mandos medios y todo indica que será un gran dolor de cabeza.
Ariel Avila  
http://pares.com.co/category/democracia/


LA GUERRA DEL OPIO

Las guerras contra las drogas son instrumentos geopolíticos de dominación colonial e imperial.

Desde las ya lejanas Guerras del Opio en el siglo XIX en las que el Imperio Británico forzó a la China a introducir el opio lo que a la postré resultó en la pérdida de soberanía y territorio las grandes potencias instrumentalizaron las drogas como mecanismos de dominación.

Resulta que en vista de la efectividad de ese recurso, Estados Unidos en los años sesenta del siglo XX emprendió una guerra contra las drogas que ayudó a mantener su posición dominante como potencia hegemónica en América Latina.

Es así como el aparato gubernamental y militar gringo se incorpora en los países de América Latina (especialmente los productores de estupefacientes) para ejercer como la mano que mece la cuna.

Entonces, resulta que USA como gran potencia imperial nos dice que hacer y que no hacer respecto a la guerra contra las drogas y lleva lo más lejos posible de sus fronteras el conflicto armado que supone el narcotráfico.

Pero USA hace poco y nada para contener el consumo de sus ciudadanos, lo que jode a los gringos no es que la gente se envenene con cocaína colombiana rebajada y mezclada con polvo de ladrillo, es que las ganancias del negocio no se queden en USA.

¿Ustedes nunca se han preguntado por qué es muy raro que en USA capturen a un gran capo que distribuya la droga en las calles de sus ciudades? He ahí el meollo del asunto...

Si de verdad USA quisiera contener el narcotráfico, podría empezar por desmantelar el aparato financiero que sirve de máscara para lavar las ganancias del negocio, lo malo es que si eso llegase a ocurrir, la economía mundial se desploma de un día para otro

Entonces, para cerrar el cuento, las medidas que propone Iván "mascota" Duque para contener el microtráfico no son más que las órdenes que le dictan desde la Casa Blanca para que se lleve bien con los verdaderos dueños del negocio #DobleMoral

(Ay deja la paranoia contra los gringos, deje ese odio... - Claro, pero mira esta noticia de hace 6 años sobre la multa que tuvo que pagar el banco HSBC por lavado de activos https://elpais.com/economia/2012/12/11/actualidad/1355195238_398800.html

LA MUJER QUE ES


Nunca se han puesto a pensar que las mujeres no estamos educadas para habitar lo público? desde amamantar, menstruar, sentarnos, vestirnos, envejecer, tener cuidado. La mujer que sale a la calle es una performatividad de la mujer que es.
@Biondaimmorale

Por ejemplo, que una mujer se sienta libre en casa por no usar brassier y oprimida en la calle con el fin de tener sus pezones cubiertos y sus tetas paradas para gusto de las instituciones y el sistema patriarcal es lamentable y solo por poner algo light.
Otra: menstruamos desde nuestra preadolescencia y nos pasamos toda una vida escondiéndolo desde los síntomas, hasta el hecho real que nos sale sangre por la vagina, hasta sintiendo vergüenza cuando sacamos una copa, un tampón, una toalla. DEBEMOS OCULTARNOS.

Siguiente, el sentarnos: a las mujeres desde niñas se nos obliga a “sentarnos bien” que se traduce en cerrar o cruzar las piernas esto con una carga simbólica fuerte de tapar nuestra vagina, no provocar, ser “puras” y si lo pensamos bien también de ocupar menos espacio.

Amamantar: Molesta tanto que impresiona que la maternidad sea algo tan alabado y exigido para una mujer. Amamantar es privado porque los hombres solo quieren ver tetas en público para su acomodado placer sexual, porno, prostitución

Envejecer: las mujeres no pueden demostrar públicamente que están envejeciendo, aunque es evidentemente natural, no es deseable, a los hombres se les permite e incluso se les considera mejor con la edad. Una mujer tiene que cubrirlo, “remediarlo”, esconderlo.

Los vicios: si es que se nos permiten en privado, en público definitivamente son condenados. Las mujeres no nos vemos bien fumando, tomando o queriendo sexo, por algún motivo los hombres sí, el regularnos y “comportarnos” son dones y deberes sociales para lo público.

Habitarlo solas: nunca les han preguntado en un aeropuerto o en un bar o en un restaurante por qué están solas? Bueno, es porque un individuo femenino es vulnerable a los ojos de todos, como una presa imperdible para un macho asesino violador. Las mujeres no deben habitar solas.

Todo lo anterior es cierto, y se debe a que nuestro nivel de consciencia está aún muy rústico, muy primitivo, totalmente machista. Sin embargo las mujeres son quienes, tras bambalinas, dominan el mundo.
Todas estas razones por las que las niñas dejaban de ir a la escuela en África.